LAS 3 PREGUNTAS QUE TODO PACIENTE HACE EN LA CONSULTA
Bienvenido y bienvenida al audioblog de coaching y odontología, un espacio donde exploramos herramientas y conceptos esenciales para mejorar la práctica clínica. Soy la doctora Alba Sánchez, y hoy quiero hablarte sobre las 3 preguntas que todos los pacientes hacen en la consulta.
Estamos en los últimos días de agosto, esa recta final de vacaciones en la que empezamos a reconectar con lo que viene: el nuevo curso, los objetivos, la vuelta a la clínica.
Y aquí va mi primera pregunta para ti:
👉 ¿Cómo te preparas para volver a la práctica clínica?
¿Revisas agendas, fotografías de la cámara, el material de quirófano… y también te preparas para recibir a tus pacientes?
Porque a veces, en nuestro día a día, nos perdemos en la excelencia técnica —somos exquisitos explicando cada detalle del tratamiento, materiales o instrumentos— pero olvidamos lo más importante: las verdaderas dudas del paciente.
Hoy quiero compartir contigo las 3 preguntas que más me encuentro en consulta, y cómo la manera de escucharlas y responderlas puede acercarte —o alejarte— de tus pacientes.
- ¿Me va a doler?
Esta es la pregunta más universal en la consulta odontológica.
Y es normal: la boca tiene una enorme carga cultural, histórica y emocional.
Esa es, sin duda, la pregunta más frecuente y la más normal en cualquier consulta odontológica.
Y fíjate: tan importante es, que incluso da título al libro divulgativo sobre el miedo al dentista: “¿Me va a doler? Cómo vencer el miedo al dentista y tener una boca saludable.” que puedes adquirir en Amazon, Fnac o la Casa del Libro.
La boca tiene algo especial. No solo porque sea una zona muy sensible, sino también por la carga cultural que arrastra. Piensa en cuántas películas o series pintan al dentista como el “malo” de la historia. Ese imaginario colectivo sigue vivo en muchos pacientes.
Además, no olvidemos que la anestesia local es relativamente reciente. Fue en 1905 cuando se sintetizó la procaina, el primer anestésico local que superaba los efectos adversos de la cocaína, que desde el 1884 se había utilizado y que provocaba dolor y úlceras en la zona de punción. Y duraba… ¡apenas veinte minutos! Ni siquiera llegaba a conseguir anestesia pulpar eficaz. Imagina lo que suponía pasar por el dentista en aquella época. Esa herencia emocional ha ido pasando de generación en generación, y todavía pesa.
Por otro lado, el 25% de la corteza cerebral recibe información sensitiva de la boca Eso significa que cualquier estímulo doloroso en la boca se vive con muchísima intensidad.
Si a esto le sumamos que alrededor de un 20% de la población sufre ansiedad dental, significa que deberemos aprender a convivir y acompañar en el miedo y el dolor de nuestros pacientes La ansiedad disminuye el umbral del dolor.
Por eso, cuando un paciente pregunta “¿me va a doler?”, no está preguntando solo por el pinchazo o la molestia: está preguntando por su seguridad, por si puede confiar en ti.
Este tema da para mucho más, así que lo voy a guardar para dedicarle un episodio completo.
- ¿Cuánto tiempo dura?
Antes de decir nada más, piensa, ¿cómo recibes esta pregunta? Y Cómo respondes a ella?
Te resulta una pregunta sin más, o te suena amenazante, apremiante?
Este es un tema interesante, porque según la escuchas, piensas, interpretas y entonces respondes.
En esta pregunta se incluyen multitud de dudas de los pacientes.
A simple vista parece una duda logística, pero si la escuchas con atención, esconde mucho más.
- “¿Podré aguantar con la boca abierta tanto rato?”
- “¿Tendré tiempo de ir después a trabajar o recoger a mis hijos?”
Así, una opción buena para tranquilizar y dar información más fidedigna es explicar cuánto tiempo de trabajo aproximadamente va a durar.
Aquí la estrategia es sencilla: anticipar y explicar.
Cuenta cuánto dura realmente el procedimiento, diferencia el tiempo clínico del tiempo reservado en agenda, y muestra que has pensado también en sus pausas y necesidades.
Un paciente informado sobre el tiempo se relaja, baja su nivel de ansiedad y suele decir al final: “Vaya, pensaba que sería más largo.”
- ¿Podré comer después?
Esta es la pregunta más práctica y más humana: el paciente quiere saber si podrá retomar su vida normal.
Responder con claridad —aunque se trate de una obturación o una higiene— aporta un gran alivio.
Cuando especificamos “sí, puedes comer normal” o “mejor adapta la dieta a alimentos blandos las próximas horas”, el paciente siente que su calidad de vida está en el centro del tratamiento.
¿Te has dado cuenta?
Las tres preguntas —dolor, duración y alimentación— tienen algo en común: la preparación.
El paciente necesita anticipar lo que va a vivir, para organizarse física y mentalmente, tanto desde el punto de vista de las expectativas de dolor, cómo de fatiga y también de planificación de acciones de la vida diaria cómo las comidas o llegar a tiempo a una reunión después de la visita al odontólogo.
Nuestra respuesta puede ser técnica… o puede ser una oportunidad de conexión y confianza.
💬 Te dejo con una última reflexión:
👉 ¿Cómo quieres interpretar y responder a estas preguntas en tu consulta?
Recuerda, la clave no está solo en lo que dices, sino en cómo percibes esas dudas, porque tu percepción es la que dirige tu conducta.