CÓMO DEFINIR OBJETIVOS CLAROS Y SOSTENIBLES EN 7 PASOS
Bienvenido y bienvenida al audioblog de odontología, un espacio donde se exploran herramientas y conceptos esenciales para mejorar la práctica clínica. Soy la Doctora Alba Sánchez y hoy te invito a pensar en algo que probablemente te ronda la cabeza: tus objetivos.
Estamos en agosto. El curso ha terminado, y es posible que hayas empezado tus vacaciones con una lista mental de tareas, proyectos o metas. Quizá pensaste: “Voy a aprovechar el verano para ponerme al día”. Tal vez tienes varios objetivos en mente… o uno tan grande que te cuesta saber por dónde empezar.
Seguramente habrás escuchado eso de que “quien no sabe a dónde va, puede acabar en cualquier parte”. Es cierto: tener claridad sobre lo que deseas te ayuda a trazar el camino. Pero también es cierto esto: las mejores ideas, decisiones y planes no siempre nacen del esfuerzo. A veces, llegan cuando estás en calma.
Así que lo primero que quiero proponerte hoy es: descansa de verdad. Baja ese pico de cortisol que arrastras desde hace meses. Res-pi-ra. A veces, as mejores ideas y los mejores planes también pueden llegar cuando estamos relajados. Y si alguna idea te visita, simplemente obsérvala.
Ahora voy a mencionar algunas palabras o ideas para que anotes mentalmente cuáles resuenan contigo:
Logro, ilusión, motivación, superación.
Cansancio, procrastinación, desenfoque, multitarea.
Proceso, resultado positivo, dejar tareas a medias, desilusión.
¿Cuál de estas te define hoy?
¿Tienes un sueño?
¿Un deseo profundo de lograr algo?
Déjame decirte algo: tener un objetivo muy grande, difuso o poco claro puede jugar en tu contra. Muchas personas caen en la trampa de ponerse metas tan elevadas y abstractas que acaban posponiéndolas una y otra vez. Y eso repercute negativamente, no sólo en tu estado de ánimo, sino en la imagen que tienes de ti mismo. Crees que eres esa procrastinación, que eres ese alguien que simplemente no sabe ejecutar. Pero lo que sucede es que esos grandes objetivos están formados por muchos pasos más pequeños y concretos, que seguramente aún tienes que definir.
James Clear, en su libro «Hábitos Atómicos», hace una distinción brillante; y es la diferencia entre “planear” (escribir una lluvia de ideas, planificar, estudiar y aumentar nuestro conocimiento) y “tomar acción” (que es lo que nos acercará a los resultados).
Entonces, si sientes que siempre tienes intención, pero rara vez pasas a la acción, es momento de reformular tu objetivo. Hoy quiero darte 7 claves para que tu meta no sea solo un deseo, sino una brújula realista y potente.
Lo primero, es que el objetivo debe ser específico. ¿Qué quieres exactamente? Es importante que seas concreto cuando escribas tu objetivo.
El segundo es que sea medible. Es decir, ¿cómo sabrás que has conseguido el objetivo?
El tercero es que sea accionable, es decir, debe depender de ti y que tú puedas mover esa fecha. Aprender inglés es algo que puedes accionar tú mismo, ¿verdad?
Por supuesto, el objetivo debe ser relevante, es decir, que debe despertar en ti un interés genuino para que reúnas la motivación para llevar a cabo los pasos necesarios. Si para ti no es verdaderamente importante, ¿para quién lo va a ser?
Además, debe estar temporalizado. ¿Para cuándo quieres haberlo conseguido? Si tan solo te limitas a pensar que lo conseguirás más adelante o en un futuro próximo, eso se parece más a un deseo que a un objetivo.
El objetivo debe ser ecológico, es decir, sostenible para ti. Eso significa que te debe reportar un beneficio positivo. Si te tiras a la piscina, ¡asegúrate de que sepas nadar! Es importante que el objetivo que construyas sea coherente con tus valores.
Y finalmente, debe ser revisable. La vida es un cambio constante y debes estar abierto a reflexionar y a ajustar el objetivo de acuerdo a tu realidad.
Ahora te voy a pedir algo importante: una vez que lo definas… suéltalo.
Sí, has oído bien. Suéltalo. Dale espacio. Y cuando llegue el momento, actúa. Da el primer paso. Disfruta del camino. Observa cómo cada pequeño avance te transforma.
En general, estamos muy orientados a objetivos. Pero esos resultados merecen la pena cuando has disfrutado del camino y del proceso que un día generará frutos.
Llegará un día —te lo aseguro— en el que alguien te dirá: “¿Cómo lo lograste?”. Y tú, con una sonrisa, mirarás hacia atrás y pensarás: “Paso a paso, me fui convirtiendo en quien soy”. Así que, ¿por dónde empezar? Por un objetivo en mente.